La isla que Bautizó Colón como "La Española" estaba poblada y divida en Cacicazgos. No existían mapas con nombre entre los indígenas y como eran diferentes tribus, tenían diferentes vocablos con los que supuestamente identificaban no la isla, pero regiones: Quisqueya y Haití son los principales vocablos recogidos por leyendas, casualidad y mitos.
Quisqueya, "Madre de todas las tierras" (maya)
Haití, "Tierra árida y montañosa" (taíno)
El nombre de Isla de Santo Domingo fue hecho oficial por la Corona en 1506 para borrar la idea de que los nacidos en esa isla eran españoles y luego, mediante Cedula Real en el año 1621 se les dio el calificativo de dominicanos para sus habitantes libres, como españoles de segunda clase.
Al fundarse la República de Haití, con una monarquía primero en el año 1804, sus gobernantes quisieron ponerle el nombre de Haití a toda la isla, considerándola una e indivisible. La mayoría de los dominicanos-españoles que ocupaban la parte oriental de la isla no estaban de acuerdo.
En el año 1822 Haití logro dominar la parte española e imponer su criterio de indivisibilidad de la isla hasta el año 1844 que los dominicanos que rechazaban ser parte de Haití, lograron sacarlos y restablecer el nombre de la isla como Isla de Santo Domingo, creando una república dominicana en lugar de una república haitiana.
Desde entonces, el nombre de la isla crea confusiones, por el hecho de que Haití nunca ha reconocido la reclamación que hicieron los dominicanos que se hicieron independientes en 1844.
La denominación de República Dominicana con una constitución que dice que el nombre de la isla es "Isla de Santo Domingo" y por otra parte el gobierno haitiano con su constitución que dice que el nombre es "Isla de Haití" (Ile d'Haiti), han ocasionado que otros países e instituciones internacionales utilicen el nombre de "Hispaniola" sugerido por los Estados Unidos de América desde 1939, para no "ofender" a ninguna de las naciones dueñas de la isla.
Con una historia tan diversa y accidentada, no es justo que en el Siglo XXI se continúe con tal confusión.
El Movimiento Patriótico Quisqueyano hace un llamado al Presidente Leonel Fernández para que exija al gobierno haitiano a aceptar el nombre de Santo Domingo (Saint Domingue) en su constitución, como es su deber de hacer respetar su propia constitución y así honrar la memoria de Juan Pablo Duarte.
La isla es una y compartida por dos naciones y culturas diferentes, que pueden actuar como buenos vecinos ayudándose mutuamente y hacer que esa isla sea un paraíso para sus habitantes y visitantes del mundo.
Después del trabucazo de Mella en la Puerta de la Misericordia la noche del 27 de febrero del 1844, los dominicanos-españoles dejaban de ser ciudadanos de segunda clase de Haití, de Francia y de España, convirtiéndose en hombres y mujeres libres e independientes.
No se había escogido el nombre para la Patria, pero si se hizo la denominación de la republica como Republica Dominicana, significando con esto que se implantaba en la Isla de Santo Domingo y no en la Isla de Haití.
Tal parece ser que la única persona que había ideado esto y que sabía lo que hacía era el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte.
Caudillos, intelectuales, historiadores, educadores, políticos, militares y funcionarios se perdieron y se pierden en los conceptos, pero temían y temen a un principio trinitario de que esa republica debía ser libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que nos mantiene como país libre.
Por eso le fue difícil a Santana utilizar los servicios de Mella para buscar cooperación de la corona de España. Mella creyó en la política de Santana, que por detrás tejía la traición.
Sánchez y Mella fueron los proceres y trinitarios más fieles a los postulados de Juan Pablo Duarte y desgraciadamente murieron antes de tener la oportunidad de implementar, completar la obra de Duarte que consistía en ponerle el nombre de Quisqueya a la nación y darle al pueblo su identidad nacional como quisqueyanos.
Otros han tratado poco o mucho y hasta se han inmolado, sin conseguirlo. Es hora ya de hacerlo una realidad:
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